martes, 24 de diciembre de 2013

Hablar de Navidad

Una vez más nos situamos en las festividades de fin de año, cabe destacar que de ellas la Navidad es aquella la festividad que más debería sobresalir en estos tiempos. Ahora bien, hablar de Navidad hubiece sido más fácil algunos años atrás, pues en aquel entonces era màs fàcil conmover el corazón del hombre y guiarlo a sentir todo el cúmulo de situaciones que enmarcan estos días.

El hombre al oir hablar de Navidad podía situar su corazón de frente a la hermosa situación de en familia hacer la cena o sentarse a escuchar villancicos; inclusive se daba el momento propicio para compartir con aquel vecino  al cual sólo saludabamos cada mañana al salir al trabajo o ir y visitar a ese familiar que desde hace algún tiempo visitabas.  Ese sería el ideal, quizás aun se de en algunos lugares, sin embargo la gran mayoría de las personas han apostado con el pasar del tiempo a una Navidad, más vacia del compartir y el fraternizar para avocarse a una Navidad de días libres, olvidandose de que es la Navidad el momento oportuno para desde la ternura del niño Jesús que nace, ir y volver a confiar en el amor y los ideales de paz y esperanza; el hombre ha cambiado todos esos ideales tradicionales por el ideal del lujo y del derroche; por el ideal del egoísmo y la insensibilidad con el dolor ajeno.

Al preguntar hoy cuales son los deseos de Navidad obtendríamos respuestas vacías o simplemente respuestas en donde la figura principal sería el Yo, que merma al los seres humanos y nubla las capacidades de cada individuo de darse por los demás, nos limita a atender solamente nuestras necesidades,  nos trunca la visión por el que sufre, por el que llora, por aquel que esta noche dormirá entre cartones y junto a un basurero, esperando las sobras que tu y yo dejemos tras los grandes banquetes y comilonas, que dicen ser propios de la Navidad.

Si me preguntas que hacer en Navidad te diría: preguntate como esta tu corazón? A cuántos has ayudado durante este año? A cuántos les has dado de comer para tener la paz de comer tu cena de Navidad? A cuántos  has lastimado con tu orgullo, soberbia y ese absurdo individualismo que nos deja solos en este mundo?
Al tener respuestas al anterior cuestionamiento, lo propio sería salir e ir corrigiendo todo antes de que nazca ese niño Jesús, pero seamos realistas, no daría el tiempo suficiente para corregir todo lo que no hemos hecho en un año, así pues toma una de esas cosas que has hecho mal y en silencio vete en lo privado de tu cuarto y ora para ser una persona mejor en el siguente año, viendo el error ya cometido y ofreciendole a Dios con toda humildad y sencillez, trabajar por no volver a cometerlo.

Navidad es y será aun con el pasar del tiempo, el tiempo más lindo para amar y darse por aquellos que comparten desde el dolor hasta las tristezas día con día, y pedir perdon a aquellos a quienes hemos lastimado. Yo pido perdon por mi soberbia y por aquellas personas a las cuales con mi actuar he lastimado sin razón, y tú ¿por qué quieres pedir perdón?

Que el espíritu de esta hermosa Navidad te guie a dar más y más, no solo por quienes te aman sino también por quienes te odian y desean un mal para tí. ¡Feliz Navidad!

"De mí espera siempre lo inesperado"  con cariño A.M.M.M.

sábado, 7 de diciembre de 2013

María en la Fe de la Iglesia

Parte 3:
La Fe desde los ojos de María

Día 9: María al pie de la Cruz
Juan 19, 25-27: “Junto a la cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Jesús, viendo a su madre y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: Mujer, ahí tienes a tu hijo. Luego dice al discípulo: Ahí tienes a tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la acogió en su casa.”

Nos encontramos pues en este último día de reflexión en el que ahora veremos a María al pie de la Cruz; si  bien es cierto que en el final de nuestra reflexión pareciera algo paradójico reflexionar sobre esto hasta el final; sin embargo el camino muchas veces se puede tornar escabroso o difícil como ya lo hablábamos hace un par de días; y quizás este sea el momento en el que mejor podríamos reflexionar sobre la fe profunda de María.

Como seres humanos se nos prepara para concebir la muerte como un paso doloroso y casi imposible de superar, y quizás sea cierto que es algo doloroso pero ante los ojos de Dios; no hay dolor que no pueda ser sanado por su amor y su incalculable bondad. Nuevamente pongámonos en el lugar de María, que duerme tranquilamente cuando muy temprano de mañana le llamen a la puerta de la casa para decirle: ¡sabes apresaron a tu Hijo y lo van a crucificar! ¿Acaso ella sabía cuál iba a ser el día de la muerte de su Hijo? Imagínense si de casualidad María hubiese tenido planes de compartir con Jesús aquel día, y que sin previo aviso ya en ese día su Hijo abría de morir.

La Fe de María, va mucho más halla pues esta Mujer; ante el enfrentarse con la muerte de su querido Hijo no juzga a Dios por sus disposiciones sino que acepta aquel momento como un paso de salvación no sólo para ella sino para la humanidad entera. Una fe que desde el momento de la concepción del niño le animaba a ir tras ese amor por el Dios Creador; amor por un Dios que se prepara y prepara este mundo para colmarlo de su amor y abnegación total, al punto de entregar a su Hijo a la muerte para salvarnos. María propone para cada uno de nosotros un modelo a seguir, pero a seguir desde el silencio y el desprendimiento de nuestras condiciones humanas; no para aspirar a ser divinidades sino para poder sentir el dolor de quienes sufren, para poder vivir el dolor de quienes lloran, para poder respirar la soledad de aquellos que hoy nadie recuerda.


En María, la Fe de nuestra Iglesia tiene un consuelo y anhelo, ella no se quedó con el  simple hecho de ser la Madre del Salvador, sino que a partir de esto se reconoció como una esclava o servidora a causa de Cristo. Nuestra iglesia es y será servidora de la humanidad, al igual que María. Ahora el reto sería: Tú que también eres Iglesia, ¿Qué logras ver en la Fe de María? Hoy Cierra tus ojos y da gracias por ser quien eres, pero da gracias también porque Justo antes de morir, Cristo, sabiendo la calidad de madre que tenía te la dejo a ti y a mí para que de ella aprendiéramos a creer en Dios.

viernes, 6 de diciembre de 2013

María en la Fe de la Iglesia

Parte 3:
La Fe desde los ojos de María

Día 8: Y a Ti una espada te atravesará el corazón
Lucas 2, 34-35: “Simeón los bendijo y dijo a María, su Madre: Mira, que este niño traerá a la gente de Israel ya sea caída o resurrección. Será una señal impugnada en cuanto se manifieste, mientras que a ti misma una espada te atravesará el alma. Por este medio, sin embargo, saldrán a la luz los pensamientos íntimos de los hombres”.

Hablar de fe por si solo conlleva un gran esfuerzo, pues si bien es cierto la fe, como para Job, puede representar aceptar lo que ante el mundo parezca tortuoso, como un medio y un camino para purificarnos en el amor y en el fragor de las pruebas en las cuales podemos ver con más claridad a Dios ya que aún la Fe más pequeña del mundo en un momento de prueba es capaz de ver a Dios en la dificultad.
Pero ahora bien, imaginemos el gozo de María o de una madre; de presentar en el templo ante Dios, a su primogénito a ese en el cual vemos la nuestra esperanza y sueños futuros reflejados, y que de pronto encontremos a un Simeón que glorifica a Dios por permitirle ver al Salvador, pero que a la vez le recuerda a María lo profundo del dolor que le espera.

Puede sonar desconcertante pero a la vez nos recuerda que a Dios no se le da el corazón por trozos, sino que le da por completo. Aquella María por un instante pudo pensar en aquel momento y ¿quién va cuidar de mi cuando, este Jesús, Mi Hijo, no vaya a estar? Pero en María se cumple toda promesa hecha de Dios para con su pueblo, al no desampararlos. María pudo haberse entristecido, pero recordaba aquel salmo 23 que dice: Irán conmigo la dicha y tu favor mientras dura mi vida, mi mansión será la casa se del Señor por largos, largos días; pues desde el Sí que hablamos ayer hasta en el aceptar la premisa de Simeón, ahí en lo profundo lo que sostenía a María era el pacto de amor que había ya hecho con Dios por medio de su Ángel.
 

Dice en otro texto: “y guardaba todas estas cosas en su corazón”; pero ¿qué guardaba? ¿Tristeza? ¿Angustias o impotencias al no poder salvar a su hijo de la muerte? ¡Pues no! Ya que al María declararse esclava del Señor, por amor, con esto se pone a merced del infinito amor de Dios Padre que no abandona a sus hijos a la muerte, sino que los prepara para revestirlos de su amor infinito. María ante la premisa del sufrimiento, no se quedó en la desesperanza; sino que se preparó desde la humildad de su ser a aferrarse con mayor fuerza a Dios. ¿Con qué frecuencia te aferras como María a Dios?

jueves, 5 de diciembre de 2013

María en la Fe de la Iglesia

Parte 3:
La Fe desde los ojos de María

Día 7: Hágase en mí según Tú Palabra
Lucas 1, 38: “Dijo María: Yo soy la servidora del Señor, hágase en mi como  has dicho. Después la dejo el ángel”.

Día con día hablamos de desafíos y nuevos retos a los cuales cada persona se debe enfrentar, algunos tienen consecuencias buenos y otros pues simplemente nos dan un sabor amargo al final del día. En este séptimo día de novena hagamos un alto y cerremos nuestros ojos por un instante y pensemos en esto último (pausa momentánea); pues bien ahora pensemos o más bien situémonos en la persona de María un día cualquiera y recibir temprano en la Mañana la visita del ángel Gabriel diciéndote que has sido elegida para ser la madre del Salvador. ¿Qué sentirías? ¿Cuál sería tu respuesta?

Pues bien ya todo sabemos cuál fue la respuesta de María y lo que siguió a esta gran decisión, pues he ahí el punto de reflexión de hoy, como  esta respuesta repercute en la manera en la que conocemos a María. Decir hágase en mi nos pone a la disposición de quien se nuestro hacedor, en este caso María se entregó a plenitud a la voluntad de Dios, quizás el oír sobre entrega a plenitud traiga en nuestra mente la imagen de un sacerdote o una religiosa; sin embargo la respuesta de María antes de esto como lo narra San Lucas va acompaña de un dialogo con el ángel, un dialogo que muchas veces tu y yo entablamos antes de lanzarnos en nuevas aventuras o desafíos personales, vamos ante las nuevas propuestas preguntando:¿Dolerá?¿Es costoso?¿qué voy a perder?¿cuánto ganaré?; y quizás nuestras preguntas tengan inmersas dudas o inseguridades, y posiblemente María sintió temor y por eso entabla aquella platica con el ángel, pero con ella nos demuestra que una fe madura no se queda en lo superficial y en el simple hecho de que Dios lo dijo así, sino que una fe madura busca conocer el parecer de Dio que mueve sustenta su actuar, no como retórica sino como un signo de ser uno con El como, Cristo y El son uno sólo.


Al María decir: Hágase en mí según Tú Palabra; da fe de que el corazón del hombre de aquel entonces y de hoy, debe cimentarse en la Palabra de Dios; la cual es la única muestra palpable del sentir de Dios, le da ese carácter que en la Dei Verbum, del Concilio Vaticano II se nos habla, en donde se nos dice que el Pan Eucarístico no tendría valor alguno sin la Palabra de Dios, y la Palabra de Dios no se haría carne sin el Pan Eucarístico. María da razones de nuestra Fe, con el simple hecho de un sí, sin embargo el hombre actual necesita más que un sí para dar razones de su fe. ¿Cómo y qué estás haciendo para dar razones de Fe ante este mundo?

miércoles, 4 de diciembre de 2013

María en la Fe de la Iglesia

Parte 2:
María en el Camino de la Iglesia

Día 6: Mensajera de Dios para la Iglesia
Lucas 1, 39-42: “Por entonces María tomo su decisión y se fue, sin más demora, a una ciudad ubicada en los cerros de Judá. Entró en la casa de Zacarías y saludo a Isabel. Al Isabel oír su saludo, el niño dio saltos en su vientre. Isabel se llenó del Espíritu Santo y exclamó en alta voz: ¡ Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre”

En este sexto día de novena se nos presenta como reflexión profunda a María como Mensajera de Dios para la Iglesia, si bien es cierto hace poco el Papa Francisco nos decía: “La Virgen no es jefa de la oficina de correos”; es por ello que al concebirla como una Mensajera para nuestra Iglesia es preciso citar el capítulo uno del libro de San Lucas, en el cual nos relata cómo María se pone presurosa y va a visitar a su parienta Isabel.

En este capítulo se nos relata aquella visita respetuosa de María a la casa de Zacarías, en la cual Isabel siente el júbilo y la alegría que lleva consigo María, y como la criatura en su vientre se goza por la visita del Salvador. Es aquel preciso instante en el que se constata como María es quien por encima de los ángeles anuncia no con palabras sino con la vida misma, a un Jesús Mesías. Es este mismo Jesús, del cual surge la Iglesia y sobre el cual Él es la cabeza. El convencimiento y la confianza que en María suscitó la gestación crean en ella ese carácter y aptitud de mensajera que ha ido hablando a lo largo de la vida de la Iglesia.
Es esa misma María la cual se ha ido revelando en la historia de nuestra Iglesia bajo distintos nombres, no para crear idolatría sino para anunciar como lo hizo ante Isabel, pero esta vez al mundo entero, el plan salvífico de Dios tiene para cada uno de nosotros desde la aparición en el Tepeyac hasta la aparición Fátima, cada una de esas apariciones ha sido una manifestación en donde María no se pone como protagonista principal de la misma sino que viene a animar al pueblo de Dios a replantearnos la forma en la que seguimos a su Hijo Jesús.

Si ya desde antiguo Isabel proclamo con alegría al ser visitada por María, ahora todos y cada uno debiera ver en María a una pregonera de paz, que busca ir atrayendo hacia sus hijos a aquellos que más lo necesitan. La fe suscita en cada persona el deseo de anunciar desde la realidad que vivimos a un Jesús que se hace carne por nosotros, esto lo comprendió María desde el primer momento y es por esto que no ha parado de anunciar en el mundo el milagro de Dios, hecho carne en ella: Jesús.
¿Estamos listos para escuchar el mensaje de Dios revelado desde la Fe de María?



lunes, 2 de diciembre de 2013

María en la Fe de la Iglesia

Parte 2:
María en el Camino de la Iglesia

Día 5: María Esposa del Espíritu
Al encontrarnos en este quinto día de novena nuestro camino en el conocimiento de la Fe desde la persona de María debe irse adentrando más y más; pues al ver en los primeros tres días quien es María, nuestro corazón debe ir enraizándose en la persona de Nuestra Madre, la cual tiene un estrecho vínculo con el Espíritu Santo, pues desde el día en el que se engendró en su vientre nuestro Salvador todo fue cambiando, pues Ella como madre de Jesucristo también se consagra como iniciadora de nuestro camino de Fe en la Iglesia Terrena, ya que fue también quien estuvo en el momento en el que el Espíritu sopló y lleno los Apóstoles del Don de Dios. Para entender un poco más este vinculo tan especial ente El Espíritu Santo y María citamos a San Luis-María Grignion de Montfort, en el Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen, en los números 35 y 36, los cuales nos dicen:

35. Cuando María ha echado sus raíces en un alma, produce en ella maravillas de gracia que sólo Ella puede producir, porque sólo Ella es la Virgen fecunda que nunca ha tenido ni jamás tendrá igual en pureza y en fecundidad.

María ha producido, por el Espíritu Santo, la mayor obra que se haya producido o que pueda producirse jamás, que es un Dios Hombre, y consiguientemente Ella producirá las mayores cosas que haya en los últimos tiempos. La formación y la educación de los grandes Santos que habrá hacia el fin del mundo, le está reservada; porque sólo esta excelente y milagrosa Virgen puede producir, en unión del Espíritu Santo, cosas grandes, extraordinarias, en la Iglesia de Jesucristo
.
36. Cuando el Espíritu Santo su Esposo la ha encontrado en un alma, vuela allí, entra en ella de lleno, se comunica abundantemente con esa alma, y una de las grandes razones por las cuales el Espíritu Santo no hace ahora maravillas asombrosas en las almas, es porque no encuentra en ellas una unión bastante grande con su fiel e indisoluble Esposa María. Digo indisoluble Esposa, porque después de este Amor substancial del Padre y del Hijo se ha desposado con María para producir a Jesucristo, cabeza de los elegidos, y para producir a Jesucristo en los elegidos, no la ha repudiado jamás, porque María siempre ha sido fecunda y fidelísima Esposa.


Al finalizar la reflexión de este día, nos queda esta gran enseñanza, en la cual este Santo de manera singular nos describe el rol que María cumple como esposa del Espíritu dentro del camino de la Iglesia. Por eso en este camino de nuestra Iglesia María, como Esposa del Espíritu Santo, nos va  guiando en el seguimiento y renacimiento de nuestra Fe en la persona de Cristo, ella siendo Madre de Cristo volvió a nacer para ser desde aquel entonces la Sierva de Dios, y nosotros ¿Estamos dispuestos a renacer, para guiarnos por el Espíritu de Dios y seguir el ejemplo de la Madre? 

María en la Fe de la Iglesia

Parte 2:
María en el Camino de la Iglesia

Día 4: Hagan lo que Él les diga
Juan 2, 5: “Pero su madre dijo a los sirvientes: Hagan lo que Él les diga.”  

Pasan los días y cada vez nos acercamos más a la profundización del tema central de nuestra novena: María en la Fe de la Iglesia. Ahora bien al situarnos en este cuarto día de novena, nos disponemos a iniciar el segundo bloque de reflexiones en el cuál hablaremos sobre María en el Camino de la Iglesia.
Hoy vamos a iniciar recordando aquella expresión de María en las bodas de Canaán: Hagan lo que Él les diga, si bien es cierto Jesús en su vida terrena se dedicó a hacer el bien y sanar a los enfermos, es por ello que ver a Jesús siguiendo las órdenes de su madre, pareciera algo muy peculiar, sin embargo es algo real y los cual nos enseña como Jesús se hizo semejante en todo, menos en el pecado, pues ese mismo Jesús que va y da solución  a la escasez de vino, hoy nuevamente es interpelado por el amor de su madre en favor de nosotros.

El texto del Evangelio de San Juan, nos da luces de como María a pesar de su condición de Madre de Dios, no se vale para obtener ganancia alguna en favor de nosotros sus hijos. El texto nos ilumina y nos muestra como María sabe cuál es el lugar que le corresponde en el Reino de Dios y como llegar a él.

El camino de la Iglesia es un camino de Fe, que se camina paso a paso y en total plenitud del amor de Dios; por esto María nos recuerda con su ejemplo que no son nuestras obras terrenas las que nos salvarán sino, es más bien nuestros actos orientados a la persona de Jesús, los que ponen en evidencia el don de Dios regalado para nuestra vida. Tenemos a nuestra Madre María, que a lo largo de la vida de la Iglesia ha ido dejando en evidencia el Plan salvífico que Dios tiene para nosotros, y a su vez ha ido brindándonos las claves para redirigir nuestros pasos y existencia a la persona de Cristo.

María aprendió a servir aun cuando pudo ser servida, es ahí donde surge la pregunta: ¿Y por qué lo hizo así? A lo cual la respuesta es muy fácil: quién aprende a servir al hermano, es quien conoce al amor, y el amor es Dios.


Hagamos hoy lo que Él nos diga, pero no hacerlo a la ligera; pues en el camino de la Iglesia la fe es puesta a prueba cuando aprendemos a negarnos a nosotros mismos  y comenzar a hacer todo cuanto Dios cree y sabe que es bueno para nosotros. ¿Serás capaz de verte, desprendido de todo para hacerlo lo que Él nos pide que haga?

María en la Fe de la Iglesia

Parte 1:
¿Quién es María?

Día 3: María Misionera de Esperanza
Lucas 2, 46-48: “María dijo entonces: Proclama mi alma la grandeza del Señor, y mi espíritu se alegra en Dios mi Salvador, porque se fijó en su humilde esclava, y desde ahora las generaciones me dirán feliz.” 

Al iniciar este tercer día de novena, damos por concluido el primer bloque reflexivo en el cual nos preguntábamos ¿Quién es María? Para así irnos acercándonos a la reflexión de fondo de nuestra novena que es María en la Fe de la Iglesia. En el primer día vimos a María como Servidora de Dios, en el segundo día reflexionábamos a María la Madre de Dios; y para concluir este bloque y concluir nuestro enseñanza sobre ¿Quién es María?, vamos a reflexionar a María como Misionera de Esperanza. Pero ¿De qué esperanza hablamos? ¿Esperanza en lo pasajero o en lo eterno? ¿Esperanza en lo que la razón del hombre nos dice o hacia donde la locura de Dios nos lleva?

La esperanza que en María vemos es una esperanza que va lo eterno, el Evangelio de Lucas nuevamente nos ayuda a conocer más a María, pero esta vez, nos adentra desde el cántico del Magníficat. En este cántico María nos inspira y alegra el espíritu con la alegría del regalo que ha recibido en su seno. El estar siempre alegres en el Señor como nos hablaba el Papa Emérito Benedicto XVI, en el mensaje para los jóvenes en el 2012 ya se había hecho vida en María, pues el estar siempre alegres en el Señor, es y será siempre la misión por excelencia a la cual hemos sido llamados cada uno de nosotros. Es María que desde el primer momento de haber conocido al Salvador, que habitaba en su interior se lanza al mundo a anunciar con alegría un mensaje de amor y de esperanza, esperanza en un Dios de lo eterno y amor hacia todos aquellos que aún no ven en Dios un futuro y un andar mar adentro, sin temor alguno.

Conocer a María como Misionera, es ver a una María que si viviera en este mundo moderno,  sería responsable como mujer, madre e hija; pero a la vez pondría amor en cada cosa que hace y en cada persona que se acerca en busca de una palabra de aliento. María Misionera de Esperanza, aun cuando traer a este mundo a Jesús le hubiese costado la vida, sólo la confianza en Dios la mantuvo en pie, por eso hoy debemos adentrarnos en lo más profundo de nosotros y ponernos de frente a la imagen de esa María que se lanza al mundo, a vivir y anunciar la alegría de tener a Jesús en su interior. La experiencia que tenemos de Cristo, ¿nos inunda de tanta alegría que nos hacer ser mensajeros de la esperanza como María?
Querida Madre María que el conocimiento de tu amor y tú persona, mística y a la vez humilde, nos ilumine y acompañe a buscar la santidad con un fervoroso ímpetu, a modo de acercarnos día con día, paso a paso al corazón de tu amado Jesús.



María en la Fe de la Iglesia

Parte1:
¿Quién es María?

Día 2: María la Madre  de Dios
Lucas 2, 6-7. 9-11: “Mientras estaban en Belén, llegó para María el momento del parto, y dio a luz a su hijo primogénito. Lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, pues no había lugar para ellos en la sala principal de la casa. […] Se les apareció un Ángel del Señor, y la Gloria de Dios los rodeo. Y quedaron muy asustados. Pero el Ángel les dijo: […] Hoy, en la ciudad de David, ha nacido para ustedes un Salvador, que es el Mesías y el Señor.” 

Hoy nos encontramos ya en este segundo día de novena, y en este día continuamos reflexionando a María en la Fe de la Iglesia, preguntándonos ¿Quién es María? Pero ahora viéndola como: María la Madre de Dios. Si bien es cierto la maternidad de María ha sido un tema de conflicto  entre distintas corrientes de pensamiento a lo largo de la historia, pero para iluminarnos un poco más la Lumen Gentium, del Concilio Vaticano II, en el capítulo octavo en el numeral 53 nos dice:

“Efectivamente, la Virgen María, que al anuncio del ángel recibió al Verbo de Dios en su alma y en su cuerpo y dio la Vida al mundo, es reconocida y venerada como verdadera Madre de Dios y del Redentor. Redimida de modo eminente, en previsión de los méritos de su Hijo, y unida a Él con un vínculo estrecho e indisoluble, está enriquecida con la suma prerrogativa y dignidad de ser la Madre de Dios Hijo, y por eso hija predilecta del Padre y sagrario del Espíritu Santo; con el don de una gracia tan extraordinaria aventaja con creces a todas las otras criaturas, celestiales y terrenas. Pero a la vez está unida, en la estirpe de Adán, con todos los hombres que necesitan de la salvación; y no sólo eso, «sino que es verdadera madre de los miembros (de Cristo)..., por haber cooperado con su amor a que naciesen en la Iglesia los fieles, que son miembros de aquella Cabeza» [174]. Por ese motivo es también proclamada como miembro excelentísimo y enteramente singular de la Iglesia y como tipo y ejemplar acabadísimo de la misma en la fe y en la caridad, y a quien la Iglesia católica, instruida por el Espíritu Santo, venera, como a madre amantísima, con afecto de piedad filial, […] ”.

En este numeral se nos expresa el valor y el sentido, del por qué María es Madre de Dios, sentido por el cual debemos crecer y madurar en el conocimiento de nuestra fe. Es muy claro que en el párrafo anterior se nos dignifica el título de María, en la Iglesia; pero de igual forma el Evangelio de San Lucas nos Ilumina el pensamiento narrándonos ese momento del nacimiento de Jesús, nacimiento que fue por entero humano y significo, desde aquel entonces desde qué óptica este Salvador y Mesías; iba a predicar para el mundo de aquel entonces.


Siendo María Madre de Dios, debemos reflexionar hoy el lugar que cada uno de nosotros le damos en nuestra vida. Si es que acaso no caemos en cuenta del valor de su maternidad divina, es momento de hacerlo pues en María, Jesús se hizo carne, Carne que hoy sacia nuestro Ser. 

María en la Fe de la Iglesia

Parte 1:
¿Quién es María?


Día 1: María Como Servidora de Dios
Mateo 25, 21: “El Patrón le contesto: Muy bien, servidor  bueno y honrado; ya que has sido fiel en lo poco, yo te voy a confiar mucho más. Ven a compartir la alegría de tu patrón.

Iniciamos un año más nuestra novena en esta ocasión no podemos iniciar sin antes dar gracias a Dios por un año más estar reunidos aquí, para todos juntos como hermanos por el bautismo, festejar a la patrona de nuestra parroquia La Inmaculada Concepción; esta vez teniendo como reflexión de fondo a María en la Fe de la Iglesia. Los nueve días de novena iremos paso a paso conociendo más sobre nuestra reflexión adentrándonos en tres bloques principales: ¿Quién es María?, María en el Camino de la Iglesia  y La Fe desde los Ojos de María. Dentro de cada uno de estos pasos, para acercarnos a la reflexión de fondo iremos desarrollando pequeños puntos que facilitaran cada mensaje.

En este primer día reflexionaremos a María Como Servidora de Dios, y es que para hablar de María uno de los primeros pasos que debemos dar cada uno de nosotros como creyentes en Dios y en nuestra Iglesia; precisamos ver a María como servidora. Por tanto al  escuchar el texto de San Mateo al inicio en donde se nos relata, como Dios ve a aquellos que son fieles a sus designios y que procuran para su reino cosas buenas y abundantes frutos. Era preciso, que María, por ser la madre del Salvador fuera desde su inicio servidora pues los hijos, buenos o malos, son el reflejo de sus padres, reflejo de las enseñanzas y hábitos hogareños. María ha visto desde siempre su vocación orientada al servir a los demás, incluso aun cuando el ángel Gabriel le anuncia su embarazo, Ella se pone presurosa en ir a ayudar a su prima Isabel, a pesar de su condición.

La fe es por ello una ruptura de lo convencional, y no para hacer un escándalo, sino para desde nuestra cotidianidad ver la dimensión profunda de lo majestuoso del amor de Dios. María desde su humildad y sencillez, a pesar de su embarazo se ve como servidora pues se siente y sabe, que se encuentra amparada en el amor de Dios; amor que nos hace ir sin medida ayudando a todo aquel que más lo necesite, que nos exige ser como bien decía Cristo: “Nacidos en el mundo, más no son del mundo”. Esa es la invitación que desde su servir hace María a  cada uno de nosotros. Dime quién eres tú: ¿Un Ingeniero? ¿Docente? ¿Un cantante? ¿Un médico? O ¿Un licenciado acaso? Quizás tú y yo seamos alguno de esos que acabo de mencionar, pero ¿quién se define inmediatamente como servidor de Dios ante el mundo?
María desde su humildad se presenta como la Esclava del Señor haciendo referencia, a la vocación de servicio a la cual había sido llamada, vocación que heredó humanamente a su hijo, Jesús, siervo vivo de Dios.

La pregunta al concluir esta reflexión sería: ¿Conoces a María como servidora o servida? ¿Cuál crees tú ha sido la enseñanza de servicio que ha dejado en tu vida?